Cómo manejar los errores del equipo
Estás en la banda. Has diseñado la semana genial, has trabajado la táctica y has dado la charla pre-partido lo mejor posible. Empieza el juego y, de repente, algún jugador toma una mala decisión o el equipo comete un error incomprensible. En ese instante, sientes una punzada en el estómago. No es solo enfado; es algo más profundo. Sientes que ese error habla de ti. Haciendo que no seas capaz de separar tu ego del resultado y liderar sin culpa como entrenador.
Muchos entrenadores caen en la trampa de la fusión de identidad: creer que su valía profesional depende linealmente de la ejecución de sus jugadores. Si ellos fallan, «yo he fallado». Si pierde el equipo, «yo soy un perdedor».
Pero esta mentalidad es peligrosa por una razón fundamental que a menudo olvidamos: no tienes el 100% del control.
La ilusión del mando a distancia
La competición es un escenario complejo lleno de incertidumbre y situaciones que no dependen de ti. Como entrenador, tienes una influenciaimportante en la preparación, la cultura de equipo y plan de juego. Pero una vez empieza la competición, el porcentaje de control se redistribuye.
Debemos aceptar una realidad incómoda: tienes un tanto por ciento de control, pero nunca la totalidad.
El jugador es quien percibe los estímulos, procesa la información y toma la decisión final en milisegundos. Si intentas controlar ese proceso mental desde la banda, o si juzgas tu capacidad basándote en si esa ejecución fue perfecta, te estás condenando a la frustración constante. El estrés surge precisamente de esa incertidumbre y de la falta de control sobre los resultados.
Cuando tu identidad bloquea al equipo
¿Qué pasa cuando un entrenador fusiona su identidad con el error del jugador?
- El error se vuelve personal: Ya no corriges una acción técnica; estás «defendiendo» tu ego. El feedback se vuelve más agresivo o cargado de ansiedad.
- Transmisión de miedo: Los jugadores son radares emocionales. Si notan que un fallo te desestabiliza personalmente, dejarán de arriesgar para «no fallarle al míster». Aquí es donde nace el bloqueo y baja la autoconfianza del deportista.
- Pérdida de foco: En lugar de analizar qué herramientas darles para la siguiente jugada, te quedas anclado en el fallo pasado.
Para liderar como entrenador: Gestionar la imperfección
Para liderar como entrenador, piensa en los mejores entrenadores del mundo, aquellos considerados leyendas en sus deportes,. ¿Acaso sus equipos no cometen errores garrafales? ¿No han tenido sus jugadores «días malos» donde nada sale?
Por supuesto que sí. La diferencia es que estos entrenadores no permiten que esos eventos definan su competencia profesional. Entienden que incluso un deportista consagrado puede tener un mal partido o una mala racha, y eso no lo convierte en un mal deportista, ni a ellos en malos entrenadores.
Saben diferenciar entre su trabajo (preparar, educar o guiar) y el resultado (que es multifactorial). Al desvincular su identidad del error inmediato, pueden mantener la calma y ofrecer correcciones útiles en lugar de reacciones emocionales.
Tu objetivo: Influencia vs. Control
Para liderar como entrenador y ayudar a tus jugadores a gestionar el miedo a fallar, primero debes gestionarlo tú.
- Acepta tu porcentaje: Reconoce que hay una parte del juego que pertenece exclusivamente al caos de la competición y a la decisión de los jugadores.
- Evalúa tu proceso, no solo el marcador: ¿Preparaste bien la semana? ¿El mensaje fue claro? ¿Diste las herramientas necesarias? Eso es lo que define tu identidad como entrenador.
- El error como dato: Enseña con el ejemplo. Si tú reaccionas al fallo con curiosidad analítica («¿Por qué ha pasado y cómo lo arreglamos?») en lugar de con juicio personal, tus jugadores aprenderán a hacer lo mismo.
Recuerda: tu objetivo es maximizar el rendimiento y el bienestar de tus deportistas, no controlar cada uno de sus movimientos como si fueran piezas de ajedrez.